La escena es cotidiana: un empresario, agotado tras una jornada de reuniones, abre su celular para revisar correos y notas de voz. De repente, la batería desciende de 50 % a 15 % en apenas unas horas, sin haber usado el dispositivo intensivamente. El teléfono se recalienta, las aplicaciones responden con lentitud y la frustración lo invade. Lo que parece un simple problema técnico suele estar relacionado con una configuración que muchos pasan por alto: mantener el 5G siempre activo. Aunque la tecnología promete velocidades superiores y menor latencia, no siempre conviene tenerla funcionando en todo momento. En este artículo, analizaremos los impactos de esa decisión en el consumo energético, la estabilidad de la red y la seguridad de los datos. Más allá de un consejo técnico, se trata de una reflexión sobre cómo usamos la tecnología.
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El debate sobre el 5G ha estado marcado por grandes promesas y, al mismo tiempo, por experiencias dispares entre los usuarios. En países como Corea del Sur, Estados Unidos y China, la cobertura se ha expandido rápidamente, pero incluso allí la percepción del consumidor es ambivalente: por un lado, la sensación de velocidad instantánea al descargar un archivo o reproducir un video en streaming; por el otro, la molestia por una batería que no dura la jornada completa. En Colombia, donde el despliegue avanza progresivamente, el panorama es aún más complejo, porque la cobertura intermitente obliga al dispositivo a alternar constantemente entre redes, un esfuerzo que drena energía y genera calor en los componentes. Para un gerente multitarea, que depende del celular como centro de operaciones, este detalle puede ser la diferencia entre cerrar un negocio a tiempo o quedarse incomunicado en un momento crítico.
Uno de los errores más comunes que observo en las empresas y en profesionales independientes es creer que tener el 5G siempre activo equivale a “estar a la vanguardia”. La realidad es que la tecnología debe ponerse al servicio de la funcionalidad. Desde hace más de tres décadas lo repito en cada consultoría: nunca la tecnología por la tecnología en sí misma, sino la tecnología por la funcionalidad. El 5G no es malo en sí mismo; lo riesgoso es usarlo sin una estrategia que valore el contexto. Un empresario en Manizales no vive la misma experiencia que un directivo en Seúl o Nueva York, y pretender que la red se comporte igual es ingenuo. El diseño de la estrategia tecnológica comienza por entender los límites de la infraestructura disponible y alinear su uso con las necesidades reales de la organización.
En términos de consumo energético, estudios recientes muestran que el uso constante de 5G puede aumentar el gasto de batería entre un 6 % y un 11 % frente al 4G LTE. Esto puede parecer poco en cifras absolutas, pero en la práctica se traduce en horas de autonomía menos al final del día. Para un emprendedor que atiende clientes en campo o un gerente que viaja con frecuencia, este detalle se convierte en un dolor operativo real. A esto se suma la generación de calor: los procesadores trabajan más intensamente al buscar y mantener conexión en 5G, lo que afecta la durabilidad de los equipos. He visto casos en los que celulares de gama alta, al mantenerse forzados en 5G, redujeron su vida útil en menos de dos años por daños en la batería y la placa base.
Otro aspecto que pocas veces se menciona es la seguridad. El 5G, al ser una red de nueva generación con mayor capacidad de dispositivos conectados, amplía también la superficie de ataque. Tecnologías como el network slicing —que permiten dividir virtualmente la red para usos específicos— ofrecen ventajas, pero también pueden convertirse en puertas de entrada para ciberdelincuentes si no se gestionan adecuadamente. Empresas que manejan datos sensibles, como clínicas o entidades financieras, deben evaluar con cuidado si conviene habilitar permanentemente estas conexiones en dispositivos móviles sin políticas claras de seguridad. Aquí es donde entra la importancia del Habeas Data y de las normativas colombianas sobre protección de datos personales, un campo en el que nuestra experiencia en TODO EN UNO.NET ha acompañado a organizaciones desde la entrada en vigor de la Ley 1581 de 2012.
En el plano internacional, vale la pena contrastar. En Estados Unidos, la FCC ha promovido agresivamente la expansión del 5G, pero informes de consumidores evidencian que la velocidad real en muchas ciudades apenas supera ligeramente al 4G. En Corea del Sur, que lidera la adopción global, los usuarios perciben beneficios claros en aplicaciones de alta demanda como los videojuegos en línea o la realidad aumentada, pero incluso allí las operadoras recomiendan el uso de modos automáticos para optimizar la batería. En Colombia, la Comisión de Regulación de Comunicaciones (CRC) ha avanzado en la asignación de espectro, pero el despliegue pleno tardará aún algunos años. Por eso, pretender mantener 5G siempre activo es correr antes de aprender a caminar: la red no está lista para sostener esa promesa en todo el territorio.
Los estudiantes universitarios y los jóvenes emprendedores, acostumbrados a consumir contenidos de forma intensiva, suelen ser los primeros en activar todas las funciones disponibles en sus dispositivos. Sin embargo, al poco tiempo se enfrentan al mismo dilema: menor duración de batería, recalentamiento y, en algunos casos, planes de datos que se agotan antes de fin de mes porque las aplicaciones en 5G consumen más recursos. Desde la perspectiva psicológica, esto genera frustración y la percepción de que la tecnología “no funciona como debería”. Es un ejemplo perfecto de cómo las expectativas creadas por el marketing chocan con la realidad operativa. La clave, como insisto en mis consultorías, no es apagar el 5G, sino configurarlo de manera inteligente: activar el modo automático, priorizar su uso cuando realmente aporta valor y desactivarlo cuando la estabilidad y la eficiencia son más importantes.
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Si trasladamos esta discusión al ámbito corporativo, la importancia es aún mayor. Imaginemos a un equipo de ventas de una empresa mediana que depende del celular para registrar pedidos en tiempo real, enviar cotizaciones y atender clientes. Si todos sus dispositivos están forzados a 5G en una zona con cobertura inestable, el consumo de batería y la desconexión intermitente pueden convertirse en un problema colectivo que afecta la productividad. En este escenario, no es solo un asunto de autonomía de batería, sino de costos ocultos: retrasos en cierres de ventas, clientes que no reciben respuesta o reportes que llegan incompletos al sistema. Por eso, la recomendación consultiva es clara: las empresas deben definir políticas de conectividad basadas en sus operaciones, no en tendencias tecnológicas pasajeras.
Otro riesgo, menos visible pero igual de importante, es el de la seguridad de datos. Un celular conectado permanentemente a redes abiertas de 5G puede convertirse en un blanco fácil para interceptaciones si no se aplican protocolos de cifrado y monitoreo. Desde TODO EN UNO.NET hemos acompañado a compañías en la implementación de políticas BYOD (Bring Your Own Device) donde la regla de oro es: todo dispositivo conectado debe cumplir con estándares de seguridad definidos. No se trata de prohibir el 5G, sino de usarlo de manera que aporte valor y no exponga a la organización a vulnerabilidades. En muchos casos, esto significa establecer configuraciones automáticas, limitar el acceso a ciertas aplicaciones críticas solo a conexiones seguras y educar a los colaboradores sobre los riesgos de mantener funciones innecesarias activas.
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Las consecuencias de ignorar estos detalles ya se están viendo en sectores como la salud. Clínicas que incorporaron dispositivos móviles para monitorear pacientes en tiempo real descubrieron que el uso indiscriminado de 5G no solo consumía más batería, sino que además generaba vulnerabilidades en los sistemas de datos sensibles. Lo mismo ocurre en la industria logística, donde transportadores equipados con dispositivos conectados enfrentan interrupciones en la transmisión de datos cuando la cobertura de 5G no es estable. La lección es clara: antes de activar una función, debemos analizar el ecosistema completo, desde la infraestructura disponible hasta las implicaciones normativas y de seguridad.
En el ámbito personal, mantener 5G siempre activo también tiene implicaciones de bienestar. El recalentamiento de los dispositivos, sumado a la necesidad de cargarlos varias veces al día, se traduce en mayor exposición a pantallas, interrupción de rutinas y sensación de dependencia tecnológica. Aquí entra un componente de neuropsicología que no podemos ignorar: la frustración constante frente a una herramienta que debería simplificar la vida, pero que termina generando estrés. En mis años de acompañar tanto a ejecutivos como a estudiantes, he comprobado que estas pequeñas fricciones tecnológicas pueden acumularse y convertirse en barreras mentales que afectan la productividad y la motivación.
El camino hacia el uso inteligente del 5G pasa por tres fases prácticas. La primera es el análisis inicial: revisar en qué contextos realmente aporta valor mantener el 5G activo, y en cuáles es mejor priorizar la estabilidad del 4G. La segunda es la definición estratégica: establecer políticas empresariales o personales que guíen el uso del 5G, desde la elección de planes de datos hasta la capacitación de colaboradores. La tercera es la implementación y acompañamiento: configurar los dispositivos, monitorear resultados y ajustar las prácticas según la evolución de la red. En TODO EN UNO.NET hemos diseñado metodologías que permiten recorrer estas fases de manera práctica, ayudando a organizaciones y profesionales a convertir decisiones tecnológicas en ventajas competitivas.
El cierre de esta reflexión no puede quedarse en el terreno técnico. Hablar de si conviene o no mantener el 5G siempre activo es hablar, en el fondo, de cómo tomamos decisiones frente a la tecnología. Muchos empresarios caen en el síndrome del impostor tecnológico: creen que, si no activan todas las funciones o si no tienen siempre lo último, están quedándose atrás. Nada más lejano de la realidad. La verdadera innovación consiste en usar lo que tenemos de manera estratégica, extrayendo valor de cada recurso sin desgastarnos en modas pasajeras. Desde TODO EN UNO.NET ayudamos a superar ese miedo y a transformar la relación con la tecnología. Lo hacemos con consultorías administrativas y tecnológicas, con estrategias de mercadeo digital que convierten clientes fríos en recurrentes, con implementación de Habeas Data que asegura cumplimiento normativo, y con facturación electrónica que reduce costos y aumenta eficiencia. Nuestro enfoque de Producto Mínimo Viable (PMV) garantiza resultados rápidos, evitando que la empresa quede atrapada en diagnósticos eternos. Treinta años de trayectoria nos han enseñado que el éxito no está en tener el 5G siempre activo, sino en activar lo correcto, en el momento justo y con la estrategia adecuada. Con nosotros, tu empresa no solo adopta tecnología, sino que se consolida como líder en su sector. Ese es el verdadero poder de la transformación digital bien aplicada.
