Durante más de tres décadas he visto cómo muchas promesas tecnológicas llegan a Latinoamérica con discursos sofisticados, pero sin resolver los problemas reales de las personas. Hoy, la tokenización vuelve a aparecer en ese escenario, y la pregunta no es si es una moda más, sino si realmente puede convertirse en una palanca de inclusión para Colombia y la región. En países donde millones de personas siguen fuera del sistema financiero formal, donde los pequeños empresarios luchan por acceder a crédito y donde la informalidad sigue siendo estructural, hablar de tokenización exige responsabilidad y sentido práctico. No se trata de blockchain por blockchain, ni de activos digitales por tendencia, sino de entender si esta tecnología puede reducir barreras, generar confianza y crear oportunidades reales. La tokenización bien aplicada puede transformar la forma en que accedemos a activos, servicios financieros y modelos de participación económica. Pero mal entendida, puede ampliar brechas y riesgos. Por eso hoy quiero invitarte a mirar este tema con criterio, experiencia y visión regional.
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Hablar de tokenización en Colombia y Latinoamérica exige primero reconocer nuestra realidad. No partimos de mercados plenamente bancarizados ni de ecosistemas digitales homogéneos. Partimos de una región donde el acceso al sistema financiero sigue condicionado por ingresos, ubicación geográfica, historial crediticio y, en muchos casos, por desconfianza institucional. Desde esa perspectiva, la tokenización no puede analizarse como una sofisticación financiera, sino como una posible herramienta de democratización económica.
La tokenización consiste en representar digitalmente derechos sobre un activo, un servicio o un valor, permitiendo su intercambio de forma segura, trazable y programable. En contextos como el europeo o el norteamericano, se ha enfocado en activos financieros complejos. En Colombia y Latinoamérica, su verdadero potencial está en otra parte: en permitir que activos tradicionalmente ilíquidos o inaccesibles puedan fraccionarse, compartirse y circular de manera más eficiente.
Uno de los primeros impactos claros está en el acceso a activos. Pensemos en bienes raíces, proyectos productivos, infraestructura comunitaria o incluso cosechas agrícolas. Históricamente, solo grandes capitales podían participar en estos mercados. La tokenización permite dividir ese valor en unidades más pequeñas, accesibles para personas y empresas que antes quedaban excluidas. Esto no es una teoría futurista; es una oportunidad concreta para ampliar la base de participación económica si se hace con reglas claras y protección al usuario.
En el ámbito financiero, la tokenización puede convertirse en un puente entre la informalidad y la formalización. Muchos emprendedores y microempresarios en Colombia operan fuera del sistema bancario no por falta de voluntad, sino por falta de opciones. Al tokenizar flujos futuros, inventarios o contratos, se pueden crear nuevos mecanismos de respaldo y confianza que permitan acceso a financiamiento alternativo, más transparente y medible.
Otro punto crítico es la reducción de intermediarios innecesarios. En Latinoamérica, los costos de transacción siguen siendo altos, especialmente para operaciones transfronterizas. La tokenización, apoyada en infraestructuras blockchain bien diseñadas, puede reducir tiempos, costos y fricciones, facilitando remesas, pagos y transferencias entre países de la región. Esto tiene un impacto directo en millones de familias que dependen de esos flujos económicos.
Pero aquí es donde entra la experiencia. La tecnología por sí sola no garantiza inclusión. Sin educación financiera, sin marcos regulatorios adecuados y sin una gobernanza clara de los datos, la tokenización puede convertirse en un nuevo mecanismo de exclusión. He visto demasiados proyectos fracasar por ignorar la realidad del usuario final, por asumir que todos entienden conceptos técnicos o por priorizar la velocidad sobre la confianza.
En Colombia, los avances regulatorios han sido prudentes, y eso es positivo. La inclusión no se logra con improvisación. Se logra con pilotos bien diseñados, con participación del sector público y privado, y con un enfoque claro en la protección del ciudadano. La tokenización debe integrarse a los sistemas existentes, no intentar reemplazarlos de forma abrupta.
Un aspecto poco discutido es el impacto en la identidad y la trazabilidad. En regiones donde la informalidad documental es alta, la tokenización puede ayudar a construir historiales verificables de participación económica, siempre que se respeten los principios de protección de datos y privacidad. Esto puede abrir puertas a servicios financieros, seguros y programas de apoyo que hoy no llegan a quienes más los necesitan.
Desde la perspectiva empresarial, la tokenización también redefine la relación entre empresas y comunidades. Modelos de participación tokenizada pueden permitir que empleados, proveedores o comunidades locales tengan una participación más directa en proyectos productivos, alineando incentivos y fortaleciendo el tejido económico local.
Ahora bien, no podemos ignorar los riesgos. La volatilidad, el fraude y la especulación son amenazas reales cuando la tokenización se implementa sin control. Por eso insisto en que el enfoque debe ser funcional, no ideológico. La pregunta clave siempre debe ser: ¿qué problema concreto estamos resolviendo y para quién?
En TODO EN UNO.NET hemos acompañado procesos de transformación tecnológica durante décadas, y una lección se repite: la inclusión real ocurre cuando la tecnología se adapta al contexto humano, no al revés. La tokenización tiene el potencial de ser una herramienta poderosa para Colombia y Latinoamérica, pero solo si se diseña con ética, regulación y propósito.
La tokenización no es una promesa mágica ni una amenaza inevitable. Es una herramienta. Y como toda herramienta poderosa, su impacto depende de cómo, para qué y para quién se utilice. En Colombia y Latinoamérica estamos en un punto decisivo: podemos usarla para profundizar desigualdades o para construir nuevos caminos de inclusión económica real. La diferencia la marcarán las decisiones que tomemos hoy, la madurez con la que diseñemos los modelos y la responsabilidad con la que pongamos a las personas en el centro.
Desde la atracción, es evidente que la tokenización despierta interés, inversión y conversación. Pero atraer no basta. La conversión ocurre cuando las empresas y las instituciones entienden que esta tecnología debe integrarse a procesos reales, con métricas claras, cumplimiento normativo y educación al usuario. Y la fidelización solo se logra cuando los resultados se traducen en confianza, estabilidad y beneficios sostenibles para todos los actores involucrados.
Mi invitación es a no dejarse llevar por el ruido ni por las modas. Analiza tu contexto, tus riesgos y tus oportunidades. Pregúntate si la tokenización puede resolver un problema concreto en tu organización o comunidad. Y si la respuesta es sí, hazlo con acompañamiento experto, visión de largo plazo y sentido humano.
¿Listo para transformar tu empresa con tecnología funcional?
La inclusión no nace de la tecnología, nace de usarla con propósito y responsabilidad.
