Imagina a un gerente multitarea en su oficina, revisando correos mientras mantiene abiertas docenas de pestañas en Chrome: redes sociales, sistemas contables, reportes del banco, plataformas de clientes. En medio del trajín, cree que esas pestañas “inactivas” no representan un riesgo. Pero lo hacen. Un navegador saturado puede convertirse en una puerta silenciosa para ataques sofisticados: scripts ocultos, conexiones persistentes y hasta phishing disfrazado cuando regresas a una pestaña. Un descuido tecnológico que pocos reconocen, pero que puede comprometer credenciales, datos o integridad del sistema en segundos. Esa vulnerabilidad apagada requiere acción urgente.
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En el mundo empresarial moderno, ese hábito cotidiano —no cerrar pestañas— actúa como zona gris de exposición que muchos consultores poco visibilizan. He visto esto en auditorías: estaciones robustas, firewalls potentes, políticas de acceso estrictas … y un navegador con decenas de pestañas abiertas, algunas de ellas conectadas a servicios sensibles. Es ahí donde nace el riesgo oculto. Piénsalo así: cada pestaña es un pequeño portal en espera de ser aprovechado por un atacante, un script malicioso, o una vulnerabilidad. En la medida en que la ciberamenaza se vuelve más sofisticada, todo lo que parecía inocuo puede volverse crítico. Es momento de una mirada renovada al navegador como perímetro de seguridad. En las próximas líneas te explico cómo ocurre ese riesgo, cómo se manifiesta en Colombia y fuera de ella, ejemplos reales y cómo actuar con fundamento técnico y estratégico. En el primer tercio de esta lectura comparto una
Desde hace más de treinta años acompaño empresas en transformación y automatización. Lo que antes parecía trivial —un clic mal dado, una página olvidada— puede transformarse en grieta estratégica en tu estructura de seguridad. Aquí te comparto ese conocimiento con mirada humana, técnica y consultiva, para que no sea tu empresa la víctima silenciosa.
En mi experiencia, uno de los ataques menos comprendidos es el llamado tabnabbing: una pestaña que parecía inofensiva se convierte en réplica fraudulenta de un servicio legítimo (un banco, un correo o una dashboard corporativa). Cuando el usuario retoma la pestaña, aparece una pantalla de login convincente y al ingresar sus credenciales, el atacante las captura. El engaño opera sobre algo que tú mismo dejaste abierto. Este tipo de técnica ha sido reportada con creciente frecuencia en medios especializados, especialmente en ambientes corporativos donde hay muchas sesiones simultáneas.
Al justo tiempo, el panorama global crece en intensidad de amenazas. Según el primer trimestre de 2025, el promedio semanal de ataques por organización subió un 47 % frente al mismo periodo en 2024.
Muchos de esos ataques no usan malware visible: 79 % de las amenazas detectadas en estudios recientes se manifiestan sin archivos maliciosos clásicos.
Adicionalmente, informes como el DBIR 2025 revelan que el 88 % de las brechas reportadas involucran el uso de credenciales robadas.
En Colombia, se estima que en 2024 hubo cerca de 36.000 millones de intentos de ataque, ubicando al país como uno de los más afectados de la región.
Ese entorno mundial obliga a revisar actividades aparentemente triviales. Cuando múltiples pestañas de Chrome permanecen abiertas, muchas de ellas continúan realizando solicitudes en segundo plano: actualizaciones, comprobaciones de sesión, llamadas API, sincronizaciones automáticas. Un atacante puede aprovechar esa actividad continua, interceptar peticiones o secuestrar una pestaña “reposada” mediante redirección oculta. Cada pestaña adicional multiplica el vector de exposición, especialmente si la máquina es compartida o el usuario tiene privilegios altos.
En Colombia tenemos un marco normativo que ya impone obligaciones en este terreno. El Decreto 338 de 2022 establece lineamientos para gobernanza de la seguridad digital, gestión de riesgos y respuesta a incidentes en infraestructuras críticas.
Las entidades públicas y privadas están obligadas a alinear sus procesos tecnológicas con esos lineamientos. En materia de delitos informáticos, el Código Penal (Ley 599 de 2000) contempla penas por acceso no autorizado a sistemas y sabotaje informático (artículos 269A, 269B). En materia de protección de datos, la Ley 1581 de 2012 —complementada por regulaciones — exige gobernanza de datos con enfoque de seguridad.
En otras jurisdicciones hay normas específicas que obligan la gestión de credenciales, monitoreo de sesiones y evaluación de vulnerabilidades en navegadores y dispositivos.
Para ilustrar con otro ejemplo práctico reciente: una organización financiera dejó abiertas múltiples cuentas de back office en pestañas durante el fin de semana. Un actor malicioso logró inyectar código en una de las pestañas mediante explotación de una librería desactualizada, y al día hábil siguiente esa pestaña lanzó solicitudes automáticas a APIs internas bajo credenciales legítimas. Se extrajo información confidencial, y el equipo de seguridad tardó horas en detectarlo porque las conexiones habían sido iniciadas por sesiones aparentemente legítimas. Esa experiencia me recordó que los ataques más sofisticados no necesitan phishing directo: aprovechan lo que ya diste por permitido.
Otro caso lo viví con una firma comercial que permitía uso compartido de equipos; los colaboradores mantenían abiertas plataformas de facturación y banca en pestañas durante descansos prolongados. Una mañana descubrieron accesos extraños: una pestaña sin cerrar había sido explotada para redirigir al login falso de la plataforma bancaria. Al restablecer sesión, las credenciales habían sido capturadas sin que el usuario supiera el cambio. Fue un golpe directo a la cadena crítica de pagos.
Cuando aplico estas auditorías en mis clientes, detecto un patrón: mayor vulnerabilidad donde hay:
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permisos demasiado amplios para usuarios sin formación en ciberhigiene.
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navegadores sin control de extensiones ni bloqueo de scripts en pestañas inactivas.
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políticas de sesión prolongadas sin expiración activa.
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entornos donde los empleados no tienen conciencia de que cerrar pestañas es medida de seguridad.
La raíz de ese descuido no es técnica: es de cultura digital. Si no generas hábitos de ciberhigiene, cualquier medida técnica queda coja.
Entonces, ¿qué hacer? Aquí mi visión consultiva basada en más de 30 años de experiencia:
Primero, define una política corporativa que limite el número máximo de pestañas activas (por ejemplo, 5–7 pestañas) por sesión para usuarios con acceso a sistemas sensibles. Activa mecanismos de suspensión automática de pestañas inactivas (como extensiones confiables) que congelen su ejecución después de un lapso prudente (por ejemplo, 5 a 10 minutos). Capacita a tus equipos: que entiendan que cada pestaña olvidada es una brecha. Exige siempre revisión de URLs antes de ingresar credenciales, activación obligatoria de factor multifactor (2FA), y separación de sesiones de trabajo (por ejemplo, una sesión para navegación general, otra para sistemas administrativos). En tus estaciones de trabajo corporativas, bloquea permisos para instalar extensiones no aprobadas y habilita monitoreo de actividad de pestañas: solicitudes salientes desde pestañas inactivas, scripts inesperados o conexiones automáticas sospechosas. En fases avanzadas, aplica sesiones con aislamiento (sandboxing de pestañas) y segmentación de red desde el navegador: que una pestaña de cliente no tenga acceso a APIs administrativas. Audita periódicamente: haz pruebas internas simulando tabnabbing, sesiones zombis y redirecciones ocultas. Observa patrones fuera de horario. Si detectas comportamiento anómalo, aisla la máquina, analiza logs y remedia inmediatamente.
Esa estrategia se enmarca dentro de lo que hago con TODO EN UNO.NET: te acompaño desde el análisis inicial (diagnóstico de brechas, tráfico de pestañas, hábitos de uso), luego defino una estrategia adaptada (normativa, técnico, cambio cultural) y finalmente implemento con acompañamiento continuo, monitoreo y ajustes para que ninguna pestaña sea una vulnerabilidad oculta.
Al reflexionar contigo, te diré que el verdadero avance digital no está solo en adoptar IA, automatización o grandes plataformas; está en transformar hábitos diarios para que cada acción parte del equipo sea un acto de seguridad, no de vulnerabilidad. En TODO EN UNO.NET nacimos con la convicción de que “la tecnología solo tiene sentido cuando se traduce en funcionalidad real”, y más de tres décadas de acompañar empresas me han enseñado que los riesgos más peligrosos vienen disfrazados de lo cotidiano. Aumentamos la eficiencia de tu empresa con soluciones digitales y normativas, aplicando PMV para generar resultados rápidos y tangibles sin comprometer la seguridad. En cada cliente impongo un acompañamiento continuo: auditorías recurrentes, capacitación evolutiva, ajustes frente a nuevas amenazas y una estrategia de transformación que no se detiene. Con TODO EN UNO.NET no solo te transformas, sino que te consolidás como líder tecnológico seguro en tu sector.
