En los últimos meses he recibido a gerentes, emprendedores y equipos que usan Google Chrome para trabajar y sienten que “algo raro” ocurre con sus datos. No son imaginaciones: la industria del cibercrimen ha perfeccionado ataques silenciosos que aprovechan la velocidad del navegador, la confianza del usuario y las prisas del día a día. Extensiones maliciosas que se disfrazan de utilidades, ventanas de “actualización de Chrome” que en realidad instalan malware, formularios idénticos a los de tu banco o correo y notificaciones que te empujan a dar clic donde no debes, son hoy trampas que operan a escala global. La buena noticia es que sí hay forma de reducir ese riesgo con criterio, hábitos y configuración correcta, sin perder productividad. En este artículo voy a explicarte, con claridad y ejemplos reales, qué está pasando, por qué pasa y cómo blindarte sin convertir la seguridad en un estorbo para el negocio.
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La conversación pública en Colombia se encendió cuando medios locales advirtieron sobre nuevas tácticas para robar información personal desde Chrome: páginas falsas que imitan a la perfección portales conocidos, ventanas emergentes de soporte técnico, y extensiones que parecen útiles pero terminan capturando contraseñas, tokens de sesión y datos bancarios. No son amenazas abstractas: son campañas activas que combinan ingeniería social con pequeños detalles técnicos difíciles de distinguir a simple vista. La cobertura reciente describe con ejemplos concretos cómo los atacantes inducen a instalar software no deseado o a entregar credenciales bajo presión o engaño visual, un patrón que vemos repetirse en la región.
Cuando reviso ambientes de trabajo encuentro siempre el mismo talón de Aquiles: extensiones. Muchas son legítimas y mejoran la productividad, pero otras llegan por descuido, por un “aceptar” automático o por instalarse fuera de la Chrome Web Store. En 2025, investigadores documentaron campañas en Latinoamérica donde extensiones para navegadores basados en Chromium robaron credenciales y manipularon sesiones autenticadas, afectando a cientos de usuarios en Brasil y expandiéndose por la región. El vector no es sofisticado: un anuncio o un sitio clonado que ofrece una “mejora” gratuita, el clic impulsivo y la concesión de permisos excesivos. El resultado: el atacante puede leer y modificar lo que ves, capturar claves temporales, interceptar formularios y saltarse el segundo factor si roba la sesión ya abierta.
El segundo flanco está en el propio ciclo de actualizaciones del navegador. Chrome es el software de consumo que más rápido corrige vulnerabilidades, y por eso hay tantas “actualizaciones silenciosas”. Ese ritmo es salud, no problema; el riesgo aparece cuando los criminales lo imitan con ventanas o páginas de “Update Chrome” que empujan a descargar ejecutables maliciosos. En paralelo, Google ha parchado varios fallos serios este año, incluidos errores en V8 —el motor de JavaScript— que, explotados, permiten ejecutar código al visitar una página preparada. Para la empresa, la solución llega con parches que se instalan solos; para ti, el aprendizaje es claro: jamás descargues “actualizadores” de sitios terceros y mantén el navegador en su canal estable, donde estos arreglos llegan con rapidez.
Te preguntarás si basta con navegar “con cuidado”. No. Hoy la frontera no es solo tu atención: es la señal que deja tu comportamiento. La protección real mezcla tecnología y criterio. En 2025, Google informó que el modo de Protección Mejorada de Safe Browsing ya supera los mil millones de usuarios y duplica la tasa de bloqueo frente a phishing y estafas respecto a la protección estándar, gracias a modelos de IA que comparan en tiempo real la URL y el contenido contra patrones de fraude. Esta capa no es infalible, pero sí marca diferencia en esos segundos donde un banner, un dominio con una letra distinta o un pop-up insisten en tu clic. Actívala; es la mejor relación costo-beneficio para usuarios y pymes sin un SOC dedicado.
En escritorio, Chrome comenzó a incorporar defensas adicionales con modelos en el dispositivo. Gemini Nano ya se usa para detectar patrones de sitios de soporte técnico falsos que bloquean la pantalla, abusan de notificaciones o simulan chat de “agente”. Al operar localmente, el modelo ayuda a identificar señales de riesgo incluso antes de que un dominio nuevo entre a listas negras. En Android, Chrome muestra avisos cuando una web quiere inundarte con notificaciones potencialmente peligrosas y sugiere darse de baja. Nada sustituye tu juicio, pero estas ayudas —si están encendidas— agregan segundos de seguridad que pueden evitar un desastre.
Más allá de la tecnología, el teatro del atacante es siempre el mismo: urgencia, autoridad y familiaridad. Urgencia para que “no pienses” y autorices; autoridad para que parezca Google, tu banco o TI; familiaridad para que el sitio se vea “igualito”. Así roban contraseñas, pero también algo más valioso: cookies de sesión y tokens que mantienen tu cuenta abierta. Si el adversario copia esos tokens, puede operar como si fueras tú, aunque nunca “conozca” tu clave. Este estilo de robo creció y forzó a Google a recomendar explícitamente activar Protecciones Mejoradas para frenar campañas de “session hijacking” y token theft. En mi experiencia, cuando un equipo activa esta capa y audita extensiones, la tasa de incidentes reportados cae notablemente en cuestión de semanas.
Ahora, llevemos esto a lo práctico en una empresa colombiana. Primero, define una política clara de extensiones permitidas: lista blanca y revisión trimestral. No se trata de prohibir, sino de autorizar con criterio. Revisa permisos: si una extensión “lector de PDF” te pide “leer y cambiar todos los datos de todas las páginas”, es una bandera roja. Segundo, impone la sincronización de Chrome con perfiles de trabajo, forzando cifrado y recuperación con la cuenta corporativa. Tercero, activa Protección Mejorada y Safety Check para que Chrome escanee extensiones riesgosas, contraseñas expuestas y falta de actualizaciones. Cuarto, separa contextos con perfiles: contabilidad y banca en un perfil exclusivo sin otras extensiones; redes sociales y marketing en otro; pruebas en un tercero desechable. Este simple aislamiento reduce el “movimiento lateral” del atacante dentro de tu propio navegador.
Quinto, lleva la autenticación al siguiente nivel. Las contraseñas son la puerta más golpeada; las passkeys, basadas en criptografía de clave pública, eliminan el riesgo de phishing de credenciales, porque no hay nada que “teclear” ni que el atacante pueda reutilizar en otra parte. Donde no haya passkeys, usa autenticación de dos factores con llaves físicas o aplicaciones que generen códigos locales. Sexto, educa con escenarios realistas: un simulacro al trimestre con las artimañas que hoy circulan —soporte técnico falso, “llamado de Google” que pide instalar un remoto, banners de actualización del navegador, descuentos que exigen registro inmediato— vale más que diez charlas teóricas.
También hay un ángulo regulatorio que solemos olvidar. En Europa, el GDPR obligó a las organizaciones a diseñar consentimientos, cookies y seguridad desde el inicio; eso empujó a que los equipos de marketing, TI y legal conversaran. En Colombia, la Ley 1581 de 2012 y sus decretos, junto con las guías de la SIC, nos exigen lo mismo en esencia: transparencia en tratamiento de datos, medidas de seguridad proporcionales al riesgo y registros adecuados de incidentes. Si tu web depende de formularios y píxeles, necesitas un banner de cookies honesto, políticas claras y un inventario de datos. Y si tu operación usa Chrome como ventana crítica —banca en línea, ERP web, CRM—, documenta controles específicos de navegador en tu Programa de Seguridad de la Información y en tus manuales de Habeas Data.
Quiero detenerme en las notificaciones del navegador. Son útiles para ciertas apps, pero se han convertido en un canal de abuso. Sitios maliciosos piden permiso y, una vez concedido, te bombardean con “alertas” que simulan mensajes del sistema o del banco. Chrome en Android ya alerta sobre notificaciones potencialmente dañinas; en escritorio, mi regla operativa es denegar, salvo apps críticas que tú elijas. Revisa en Configuración > Privacidad y seguridad > Configuración de sitios > Notificaciones, y limpia la lista. Este mantenimiento mensual evita que, en una jornada atareada, una “alerta” falsa te desvíe hacia la descarga de un troyano.
Sobre la velocidad de los parches: en 2025 hubo varias correcciones por fallas explotadas activamente en V8. La lección es clásica: cuanto menos tardes en reiniciar el navegador cuando aparece el punto naranja, menor será tu ventana de exposición. He visto ataques que encadenan el exploit del navegador con una extensión “puente” para persistir; por eso insisto en dos hábitos: reinicia Chrome al menos una vez al día y automatiza su actualización en todo el parque informático. Adicionalmente, bloquea instalaciones fuera de la Web Store y registra cualquier excepción mediante un flujo de aprobación, para que el “favorcito” de una extensión no se convierta en una brecha.
Si lideras un equipo comercial o financiero, establece “zonas de alta confianza”. El acceso a banca y a portales tributarios debe hacerse desde un perfil sin extensiones, con Protección Mejorada activa, sin inicio de sesión paralelo en redes sociales y con bloqueo de descargas automáticas. Configura el navegador para preguntar siempre dónde guardar archivos y desactiva la ejecución automática de contenido. Esto minimiza el riesgo de que una macro disfrazada o un archivo autoextraíble hagan lo suyo sin que te enteres. Cuando hablamos de tokens de sesión, recuerda cerrar sesión realmente; no basta con cerrar la pestaña. Y evita, en lo posible, iniciar sesiones críticas desde redes Wi-Fi públicas.
En los procesos de transformación que acompaño, suelo incorporar una “higiene digital de 12 minutos” al iniciar la jornada: comprobar el círculo verde de actualizaciones, ejecutar Safety Check, revisar extensiones instaladas recientemente, limpiar notificaciones pendientes y verificar que los perfiles de Chrome estén en el contexto correcto. Doce minutos que ahorran horas de incidentes. Para equipos grandes, esa rutina se traduce a políticas MDM, plantillas de grupo y auditoría con reportes semanales sobre estado de parches y extensiones por área.
Si llegaste hasta aquí, quizás te preguntes: ¿por dónde empiezo mañana? Empieza por auditar extensiones y activar Protección Mejorada para todos. Luego crea perfiles dedicados para operaciones sensibles, y establece una lista blanca. Capacita con escenarios realistas y, en paralelo, impulsa la adopción de passkeys donde esté disponible. En dos semanas verás cambios: menos alertas, menos “cosas raras” y un equipo que aprende a reconocer el teatro del engaño. Cuando la seguridad se vive como parte del flujo de trabajo, no como un obstáculo, gana la empresa.
Un último apunte sobre inteligencia artificial en el propio navegador. Chrome suma capacidades de IA que, bien usadas, juegan a tu favor. La detección local de estafas de soporte, el filtrado de notificaciones abusivas en Android y los avisos de riesgo en descargas son ejemplos de cómo la defensa se está moviendo hacia el borde, sin depender solo de listas remotas. Esto no te exime de responsabilidad; te acompaña. La combinación correcta es IA + hábito + política. Y si hoy tu organización no tiene un responsable formal de seguridad, al menos nombra a alguien con tiempo y autoridad para coordinar estas mejoras. No esperes al incidente para formalizarlo.
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Desde TODO EN UNO.NET acompañamos a empresas que, como la tuya, dependen de Chrome para vender, facturar, coordinar equipos y responder al cliente. Sé lo que pesa trabajar con esa sensación de vulnerabilidad cuando cada clic parece una amenaza, y también conozco el alivio que llega cuando la seguridad deja de ser un discurso y se convierte en un sistema práctico que protege sin frenar el negocio. Durante más de tres décadas he visto evolucionar el fraude digital, y aprendí que el verdadero cambio ocurre cuando un líder decide ordenar la casa: analizar su exposición, priorizar riesgos y traducir buenas prácticas en rutinas diarias. Por eso proponemos una ruta en tres movimientos. Iniciamos con un análisis inicial que no busca culpables, sino mapa: inventario de extensiones, perfiles, flujos críticos y exposición de datos. Seguimos con una definición estratégica que aterriza políticas claras y entrenamientos situacionales, diseñados para tu operación, tu cultura y tu regulación; no plantillas, sino medidas con responsables, fechas y métricas. Finalmente, implementamos lo acordado: configuración de Protecciones Mejoradas, perfiles aislados para banca y ERP, control de extensiones por lista blanca, adopción de passkeys y simulacros trimestrales. Esta manera de trabajar conecta con nuestro propósito: aumentar la eficiencia de tu empresa con soluciones digitales y normativas, para que el equipo se concentre en producir valor y el cliente perciba confianza en cada interacción. Y cuando entregamos, no nos vamos: quedamos atentos a ajustes, a nuevas amenazas y a oportunidades de simplificar aún más. La seguridad bien hecha no paraliza; te da ritmo, claridad y ventaja. Si sientes que este es el momento de dar el paso, conversemos. Ordenar hoy evita incidentes mañana y te pone en posición de liderar con serenidad.
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